¿Elecciones es igual a Democracia?

William J. Peña Reinoso

¿Las elecciones son garantía de democracia, son éstas quienes definen, o convalidan, que en un país exista democracia?

Desde hace mucho tiempo algunos países y casi todas las organizaciones internacionales consideran que como condición de democracia, los gobernantes deben ser elegidos en alguna justa electoral, pero se olvida que no todos los antecedentes han honrado esa afirmación. Muchos países integrantes de los distintos foros internacionales (ONU, OEA, etc…) asumen que ello es garantía de democracia, olvidando las condiciones en las cuales viven los ciudadanos de las diferentes naciones. Las elecciones son una parte importante de la ecuación, pero no garantizan a la democracia.

Si hacemos un poco de memoria veremos que algunos elegidos famosos han oprimido a sus pueblos y han roto el orden democrático de sus países, sin la necesidad de subvertir el orden. Ahora se nos ocurren dos ejemplos emblemáticos, sin menoscabo de otros innumerables ejemplos: Adolfo Hitler en Alemania y Fidel Castro en Cuba. El primero desencadenó la mas horripilante gesta en contra de los pueblos europeos y contra el mundo y el segundo enlodó una hazaña hermosa de libertades y la convirtió en una grotesca dictadura y en una sucesión típicamente monárquica, o acaso no es eso lo que se plantea al nombrar a su hermano como su sucesor obviando la voluntad de su pueblo en alguna elección,  sin hacer mención a que en la isla se han efectuado decenas de elecciones las cuales no han aportado verdadero bienestar a su pueblo ni, definitivamente, una garantía de democracia y libertad.

La democracia no es definida por una elección, es definida por la garantía que tienen los ciudadanos de tener libertades individuales y colectivas, es definida por la garantía de los ciudadanos a tener una mejor calidad de vida a través de un gobierno que los tome en cuenta y que cumpla con las exigencias de su pueblo, mismas que se manifiestan en la escogencia de uno u otro proyecto político. No importa si el proyecto es de izquierda, centro o derecha, lo que importa es que se respete al pueblo, a sus libertades, a sus individualidades y a su desarrollo personal y colectivo.

Las elecciones lo que hacen es escoger, por mayoría de electores, mas no necesariamente de toda la población, a sus próximos administradores, y que estos se conviertan en los guías de todo el pueblo y no solo de los que le dieron el derecho, por el voto, a conducir la cosa pública.  

Un proyecto político nunca puede pasar por establecer un régimen que oprima, doblegue o  segregue a los electores triunfantes o no en el proceso de escogencia de la nueva administración. No se concibe que un pueblo elija a sus opresores, esa posibilidad no es factible, el ser humano no busca su desgracia a propósito, siempre procura el bienestar de sí mismo y de sus conciudadanos.

Por esto es que afirmamos que los innumerables procesos electorales, de la III, IV o V  República no han garantizado que en el País haya existido alguna democracia en el sentido estricto; han existido gobiernos con mas o menos intenciones democráticas, y no precisamente el actual, quienes de manera tímida lo intentaron.

El llamado es, por lo tanto, a evaluar si en realidad existe democracia cuando solo se efectúan elecciones, y si esto convalida, o si endosa legitimidad, a un régimen como democrático.

16-06-2010

FRAUDES

Este artículo fue publicado en el periódico “Tal Cual” en ocasión de las elecciones del año 2000; lo publico en el Blog dado que es pertinente, para las próximas elecciones, como un mensaje de que HAY QUE VOTAR por encima de todo, aún bajo la certeza de un fraude de cualquier tipo. No se puede cometer el error de dejarle espacios abiertos al partido gobernante y que al menos el 50% de la población no tenga espacios en el foro nacional, hay que tener participación en la Asamblea Nacional cueste lo que cueste, hay que dar la pelea y de ser necesario morir de pie: VOTANDO

Fraudes

William J. Peña Reinoso

Fraude es todo aquello que se hace con la intención de engañar, modificar o esconder algo. Por esto cuando de política hablamos el fraude no solo se produce al contar los votos en las urnas electorales o, como ahora, en las máquinas electorales. Ese fraude es grotesco e insultante tanto para quien comete el fraude como para los defraudados.

En Venezuela hemos tenido una larga lista de fraudes o, por lo menos, de intentos de ellos.

En los años sesenta para las elecciones de Rómulo Betancourt y las de Raúl Leoni, se produjeron fraudes de intención y de poder: se condicionó a los votantes a ejercer el sagrado derecho a cambio de un “puestico”, lo cual se verificaba, y por ende se consumaba el fraude, contra la presentación, a los “jefes”, de las tarjetas correspondientes a los otros partidos contendientes, las cuales no habían sido introducidas en el sobre de votación. 

Otro fraude de esa época, el fraude por limitación: era el cometido cuando se limitó la participación de todas las corrientes ideológicas presentes en el país, materializadas en algunos partidos políticos.

Como pueden notar, en ninguno de ellos se escamoteaban los votos eso no era necesario, ¿para qué?

En épocas posteriores el fraude electoral mas notorio era en económico: Quien detentaba el poder podía asignar recursos financieros a ciertos partidos políticos o asegurar ciertos “contratos” a objeto de lograr contribuciones especiales, las cuales servían para invertir en las campañas propagandísticas, en el mejor de los casos, o en la compra de votos, hombres con “maletines”, “manos pelúas”, etc., en lo cotidiano.

En las elecciones de los dos últimos años, que han sido demasiadas, el fraude se ha consumado bajo una nueva modalidad: “el temor a”; se planteo el temor al candidato militar y éste nos asustó con la posibilidad del continuismo político de los partidos tradicionales: AD y COPEI, los signatarios vivos del pacto de Punto Fijo.

Posteriormente vino el siguiente fraude con la misma modalidad: el temor a un golpe, la certeza ¿infundada? de: “si no es bajo el modelo que propongo se puede producir un estallido social, si no triunfamos es casi seguro que tendremos una guerra civil, si quisiera puedo disolver el congreso, tengo el poder para hacerlo”, y así, como estos, otros comentarios con el mismo tenor.

¿Cuál es la forma como ahora se manifiesta el Fraude?, Todo parece indicar que una nueva modalidad se une a la que se presentó en las multi – elecciones de los dos últimos años, esta modalidad se manifiesta cuando los organismos rectores del proceso electoral violan el ordenamiento legal vigente, cuando limitan el derecho a la información oportuna de los electores, cuando usan el desorden administrativo y la incapacidad gerencial para condicionar el voto hacia las alternativas mas fáciles o las mas promocionadas por el aparato gubernamental, cuando usan esa incapacidad para endosarle a la tecnología fallas propias de los hombres y sus procesos, cuando deciden que lo esencial es una fecha a cumplir, que una etapa a superar; que lo importante es arribar y mantenerse que llegar y cumplir; que es mas importante alabar, satisfacer un aparente capricho, pagar una cuota de poder asignada, que garantizar el derecho de los venezolanos a elegir, libre y conscientemente, a sus representantes; ese fraude es tan obvio que se está simulando las simulaciones, se está engañando de la manera mas vil al pueblo, a ese quien supuestamente gobernará con el Soberano Mayor, al pueblo, quien en definitiva les puso donde hay y quien en alguna oportunidad tiene fe en que en algún momento esto se enderezará, al pueblo ingenuo y esperanzado.

Ahora existe el fraude porque se debe acelerar el proceso a objeto de evitar que el deterioro de la imagen del Soberano Mayor sea peor y reste votos en donde a él mas le interesa: la Asamblea, porque no dudo que gane la elección principal, mas si dudo que tenga el control total al cual está acostumbrado, control que de manera fraudulenta le dimos los venezolanos.

Por eso afirmo: sí hay fraude electoral en estas elecciones, no habrá, ¡HAY!, se manifiesta en cada palabra de los integrantes del organismo rector de las elecciones y en los dirigentes de la nueva República; y lo peor es que nosotros, todos, hemos sido, por lo menos, cómplices tácitos de dicho Fraude. 

22 de mayo de 2000

PAÍS POR CÁRCEL O UN PAÍS CÁRCEL

William J. Peña Reinoso

Una forma perversa de controlar y dominar a un pueblo es quitándole la libertad de movilizarse fuera o dentro del país. En muchas oportunidades hemos escuchado que en Venezuela no puede suceder lo que ha pasado, y pasa, en Cuba: la prohibición y estricto control de la movilización de sus conciudadanos, que lo que allí ocurre es producto de ser una isla y por lo tanto se le puede controlar la salida, o entrada, de su población, además de tener un insultante, inhumano y feroz bloqueo por parte, entre otros, del país mas poderoso de la tierra,  pero ambas cosas no se pueden concebir en pleno siglo XXI, en el cual la globalidad y la libertad son la regla.

Pero vale la pena recordar que en los países de la antigua cortina de hierro, URSS y sus satélites, también sucedía lo mismo: los ciudadanos tenían prohibición de libre tránsito hacia afuera de su país y en algunos casos dentro de los mismos, y ellos no eran islas en la estricta acepción de la palabra, solo basta con recordar que para reprimir la movilidad de los habitantes, en Berlín levantaron hasta una muralla convirtiendo a la parte oriental de la ciudad en una isla de hecho.

Los tiempos han cambiado y pareciera muy burdo y grotesco el método empleado en el pasado para conseguir mantener presa, sumisa y oprimida a la población. Con la triste excepción de Cuba y posiblemente algún otro país gobernado por una dictadura, se pueden aplicar otras formas de lograr el mismo objetivo con una cara, ante el mundo, de aparente de libertad, con una manipulación de la verdad escudándose en situaciones coyunturales y logísticas que pudieran presentarse: fallas en las existencias de Pasaportes, fallas administrativas en el suministros de los mismos, problemas tecnológicos en los accesos a las páginas de Internet que permiten el registro de las solicitudes del documento en cuestión, exceso de controles burocráticos en los procesos de asignación, control estricto y abusivo en el suministro de divisas, leyes que controlan, limitan y penalizan el acceso y tenencia de las divisas, y pare Ud., de contar.

Las novedosas y perversas formas de controlar la libre movilización de los pobladores, se muestran como coyunturas producidas por la población misma, siempre es útil echarle la culpa a la víctima, es una manera de esconder la realidad ante el mundo. Argumentos como los ciudadanos solicitaron pasaportes sin necesitarlos, para crear un problema de abastecimiento, o el que hay que controlar de manera rigurosa la asignación de divisas a fin de impedir la fuga de capitales por parte de quienes quieren desestabilizar la economía, son algunos de los usados por el gobierno.

Pero no solo se controla la salida de los ciudadanos, también la movilización interna es controlada con el abusivo despliegue militar (Guardia Nacional) y policial en alcabalas o puntos de control, bajo la excusa de operativos para garantizar seguridad ciudadana y controlar los actos delictivos. La  exigencia de la documentación de identificación o de manejo de vehículos, de los comprobantes de pago de los impuestos, de los documentos de propiedad de vehículos y de bienes transportados por los ciudadanos, etc…, son trabas típicas de la libertad de movilización; es cierto que esos documentos son de obligatoria posesión y presentación, pero el obtenerlos, con alguna que otra excepción, constituye una verdadera odisea, de no sólo horas invertidas en ello, sino de meses de vejatoria espera, sin que ello garantice su consecución, convirtiéndose por lo tanto en otro elemento de control y limitación de las libertades.

 Esto, a nuestra manera de ver, forma parte de la paranoia típica de los gobiernos totalitarios: ¿Todos los que pueden tener acceso a un pasaporte o y tienen la capacidad de obtener alguna divisa son desestabilizadores o conspiradores? ¿Todos son lacayos del imperio o de algún país extranjero? ¿Todos son sospechoso de alguna conducta delictiva o son susceptibles de serlo?, si ello fuese así pudiera pensarse que casi el 50% de la población es conspiradora, y eso no hay sistema que lo aguante.

Lo cierto es que todos los gobiernos de talante totalitario tienen como objetivo el de someter, a la fuerza, a la población, es imperativo mantener doblegados y sumisos a los ciudadanos, adeptos o no al sistema, o ¿es que los controles no nos afectan a todos por igual?

Se pudiera pensar que vamos en la vía de tener al País por Cárcel o a un País Cárcel, si es que ya no lo tenemos; triste fin para una Nación con una gran historia de gesta libertadora, dentro y fuera de sus fronteras.

¡Traidores!, ¿Traidores?.

Hablando de Traidores y Traiciones.

William J. Peña Reinoso.

 

“Los asesinos, los ingratos, los maldicientes y los traidores, han rebosado la medida de mi sufrimiento.”

Simón Bolívar

Curioseando un diccionario podemos conseguir una buena definición de las palabras: Traición y Traidores:

“Traición: 1.- Delito que se comete quebrantando la fidelidad o lealtad que se debe guardar o tener. 2.- Delito que se comete contra la patria por los ciudadanos, o contra la disciplina por los militares “

“Traidor: 1.- Que comete traición. 2.- Aplicase a los irracionales que faltan a la obediencia, enseñanza o lealtad que de ellos se demanda.”

No sé si ambas definiciones son todo lo justas que debieran pero son definiciones al fin, y pueden resistir cualquier análisis que de ellas se haga.

Hemos estado escuchando del Soberano Mayor y de sus acólitos expresiones sobre traidores y traiciones, en algunos casos referidos a sus compañeros de faenas pasadas, otras referidas a sucesos que marcaron la historia del país.

Vamos a conversar el tema por parte: primero veamos la traición en el ámbito del lapso entre los años. 1990 – 2000

Los militares al igual que otros funcionarios públicos juran defender la constitución, juran respeto por las instituciones civiles, pero por encima de todo  juran defender a la patria y a sus ciudadanos.

En los años recientes pudimos ver como un grupo de militares de variadas jerarquías, y no cuatro comandantes visibles, deciden en un momento cometer traición (en el estricto sentido de la palabra). Estos militares se rebelan contra la disciplina, contra la constitución y contra su juramento primario.

Las causas que los llevaron a cometer el delito referido fueron, sin duda alguna, sopesadas y definitivamente planificadas. Sopesadas, pero desde el punto de vista pragmático de los militares y algunos civiles copartícipes de la acción referida, pero parece que la evaluación profunda de los efectos que ello produciría no se produjo con el rigor debido, pero no es intención de estas notas analizar o comentar dichos efectos.

Como pueden ver la traición se cometió y a los traidores se les conoce bastante bien.

Pero si en aquel momento se justificó el acto de Traición, porque se defendía al pueblo quien era, en definitiva, el objeto y la razón para cometerla, los actos cometidos por quienes toman el poder en un acto democrático, sustentado por aquella constitución contra la cual lucharon, demuestran que ni aquella ni la nueva, creada a su medida y designios, son dignas de protegerse contra el delito de “Traditio”.

La traición se consagra cuando se actúa de manera impune en contra de los intereses de todo el pueblo, léase bien: de todo, no de un partido político o de los intereses del Soberano Mayor y su pléyade.

¿Y es acaso qué no fue por eso que se levantaron?, ayy… como nos acercamos al punto-fijismo.

Por eso es que cuando hablamos de traición no podemos menos que recordar los hechos acaecidos en nuestra patria. Se jura y se incumple el juramento: se jura en vano (¿pecado?), se promete luchar en pro del pueblo y se revierte en contra del pueblo, se declara el amor a la legalidad y el estado de derecho y se violan tantas veces las leyes que resulta risible esa declaración de amor, hasta el amor al prójimo se traiciona. Entonces, si la razón de faltar a la “…fidelidad o lealtad que se debe guardar o tener…” y de cometer el “…Delito que se comete contra la patria por los ciudadanos, o contra la disciplina por los militares…” se justificó antes, qué podemos esperar ahora. ¿Acaso hay luz al final del túnel?.

La traición no es cometida sin conocimiento de causa, y eso lo saben, y lo pudieron constatar quienes acompañaron al Soberano Mayor en la aventura épica, ellos también fueron objeto de su traición, no solo ahora en los actos de conducta recientes si no en el adelanto de la fecha fatídica del abortado movimiento, ¿quién fracasó? ¿quién incumplió el juramento?

Por eso cuando se habla de traiciones hay que cuidarse de no tener paja en el rabo, o rabo de paja,  porque la quemada puede ser grande y definitivamente dolorosa; hay que tener cuidado al hacer referencias históricas a las traiciones, porque en este país cada uno de nosotros tenemos un cachito de paja, pregúntense que pasó con el Generalísimo Francisco de Miranda, cómo se llama lo que hizo Santander a Bolívar y que hay de las historias de Mariño, Piar, Páez, etc…, no fueron ellos traicionados y traidores en el riguroso sentido de la palabra; algún día hablaremos de esto.

Y recientemente ¿no somos todos traidores y traicionados? porque de no ser así: ¿por qué permitimos y elegimos a quienes nos arruinaron? Acaso no fue el pueblo soberano quien se hizo gobernar por los… traidores punto-fijistas…

Por esto le digo al Soberano Mayor, no hable de Traición y Traidores, se puede quemar.

01 de mayo de 2000

¡Casualidades!

A la memoria de mi padre: el maestro Emigdio Peña Aguilar

¿Qué es lo que le pasa al pueblo en cuanto a su conciencia política?

El venezolano, por tradición, ha sido un partícipe activo en la política del país, esa participación se evidencia como militante partidista o como simple analista empírico; siempre que se presenta la oportunidad emite su opinión, no siempre acertada pero opinión al fin.

Somos un pueblo que se jacta de decir que amamos la democracia, que lucharemos por ella y que esa fue la razón para participar en la guerra civil emprendida por nuestros libertadores para quitarnos de encima al gobierno opresor de los españoles y sus colaboradores nacionales. Alardeamos de ser un pueblo resteado para lo que salga y de eso decimos estar orgullosos, sin embargo en la actualidad estamos demostrando que carecemos del orgullo que nos llevó a luchar y liberar a cinco naciones latinoamericanas. ¿Pero eso es nuevo?, no creo, pienso que hemos demostrado que ese espíritu se perdió al finalizar la gesta libertadora; luego de ella aceptamos, de buena o mala gana a una serie de caudillos y lidercillos que nos han oprimido de una manera despiadada, solo recordemos a Juan  Vicente Gómez y sus interminables años de gobierno.

Es cierto que hemos tenido hombres y mujeres dispuestos a la lucha por la libertad, las cárceles gomecistas, las de Pérez Jiménez, las de los inicios de la democracia nueva (años sesenta en adelante) y las recientes del régimen actual,  nos han dado fe de ello, pero en honor a la verdad no ha sido el pueblo quien gana su libertad, fue la muerte del caudillo Gómez quien nos la dio, un golpe cívico-militar cuando Pérez Jiménez y una serie de elecciones posiblemente amañadas y promocionadas cual jabón en polvo quienes lo hicieron, porque de lo contrario los gobiernos dictatoriales y autoritarios hubiesen durado mucho mas.

Después de esos episodios se desencadenan una serie de eventos los cuales demostraron que existían grupos quienes amaban la libertad y hasta lucharían por ella, pero no se ha logrado unir al pueblo en una voz de lucha por sus verdaderos derechos ciudadanos. Somos temerosos de tomar partido, tenemos miedo de luchar por nuestra libertad y defender lo que la casualidad nos ha dado o lo que pequeños grupos nos han conseguido.

Somos un pueblo de casualidades, eso se demuestra en la actualidad: tenemos un gobierno que llega al poder de la mano de un evento total y absolutamente casual. Evaluemos un ¿Qué hubiese pasado si? Y podremos evidenciar lo casual de este evento nacional. Es cierto que se planificó un levantamiento militar en contra de sistema posiblemente corrupto y desgastado, pero es cierto también que la falta de capacidad del líder quien debió tomar el control de la capital truncó el ¿feliz? término de ese movimiento. Y allí murió lo planeado; a partir de ese momento el resto es pura casualidad, la cual se acentúa cuando el nuevo gobierno elegido por el pueblo concede la libertad a los cabecillas de la intentona golpista y le abona el camino para el asalto al poder que luego se sucede.

Los desaciertos, y pifias, de los partidos políticos provocan una reacción desfavorable hacia los mismos y permiten que ese asalto se materialice en lo que es hoy, pero ello también es pura casualidad, porque si desde un principio los dirigentes de los partidos políticos no se hubiesen empeñado en errar, y en manipular a sus seguidores desde la cúpula de sus centros de poder (cogollos) otra sería la historia. Pero eso es clavo pasado y ahora tenemos un gobierno de aprendices, inexpertos e ineptos en la cosa pública y en la burocracia, los cuales cada día viven de la casualidad, porque ellos no han aportado nada nuevo, creativo, planificado, que nos saque adelante del atolladero en el cual la casualidad nos ha metido. Han tenido oportunidades excelentes, se han presentado situaciones para lucirse, pero lo que han hecho es derrochar y malversar los erarios públicos e improvisar y perder el tiempo en elecciones y discusiones estériles, absurdas, grotescas y nimias que solo le han dado al pueblo el célebre CIRCO de la ecuación aquella que indica que “el pueblo vive de Pan y de Circo”; y pregunto ¿por “casualidad” cuándo “comerá” el pueblo sus derechos civiles?

Ya es hora de levantar la voz y exigir a los gobernantes y líderes políticos que cumplan su deuda de verdaderas libertades para el pueblo, hay que elegir a empleados que obedezcan lo que el pueblo les indica y no a quienes se crean dueños del país y que asuman que Venezuela es su gran hacienda, o cuartel, hay que elegir a aquellos, desde el Presidente de la República hasta el empleado de menor rango, que entiendan que el jefe y quien da órdenes es el Pueblo, no ellos, y que su papel no es otro que asegurar que el mandato del Pueblo se materialice.

21-04-2002